jueves, 3 de noviembre de 2016

LAVINIA FONTANA - PINTORAS POR TRADICIÓN FAMILIAR (II)

Ésta es la segunda entrada de las dedicadas al grupo de mujeres pintoras que tienen en común  el hecho de tener un padre pintor que les ha enseñado el oficio y les ha dado el nombre. Las consecuencias de esta relación familiar no siempre son positivas para ellas ya que a menudo se produce confusión entre las obras de ambos y los críticos tienden por una parte a ignorar o minimizar las aportaciones de la hija a la obra del padre y por otra a magnificar las influencias del padre sobre la hija.

De entre las muchas pintoras en las que concurre la situación comentada, esta segunda entrada de PINTORAS POR TRADICIÓN FAMILIAR se va a ocupar de una pintora italiana: Lavinia Fontana.

Lavinia Fontana hija de Próspero Fontana

Hija del pintor renacentista Próspero Fontana,  Lavinia, (1552 - 1614) pintora del primer barroco, fue una de las primeras mujeres en ser admitida en la Academia de Roma.

Lavinia Fontana 1573 Autorretrato dibujando. Corridor Vasariano Florencia

Lavinia aprende de su padre sus primeras lecciones de pintura, cuya influencia es visible en sus primeras obras, aunque su evolución sitúa su estilo más cerca de Ludovico Carracci, Correggio y Scipione Pulzone.

Adquirió fama en Bolonia por sus retratos de personajes de la nobleza que posan para ella de forma natural. Su Autorretrato dibujando o el Autorretrato tocando la espineta (1577, en la Academia Nazionale di San Luca de Roma, son considerados entre sus mejores obras, que no pueden dejar de recordarnos los realizados por Sofonisba Anguissola y Caterina van Hemessen  unos años antes.

Autorretrato tocando la espineta (1577) Academia Nazionale di San Luca, Roma

En 1577 la pintora se casa con Gian Paolo Zappi, también pintor, quien abandona su carrera artística para ocuparse del hogar y de los once hijos que tuvo la pareja, mientras Lavinia aportaba el sustento familiar gracias a la pintura.

A pesar de que se especializa en retratos, Lavinia realiza también pinturas de gran formato de carácter religioso y mitológico. En 1589 recibió el encargo de elaborar pinturas sacras para la iglesia del Palacio Real español. Su obra “Sagrada Familia con San Juanito y el niño dormido”, que se encuentra en el panteón de infantes del Escorial, obtuvo un gran éxito en la época y de él se hicieron numerosas copias.

L. Fontana. Sagrada Familia con San Juanito y el niño dormido. Escorial

En 1603 Lavinia se instala en Roma como pintora oficial de la corte del Papa Clemente VIII gracias al mecenazgo de los Buoncompagni. Entre los muchos retratos que realizó allí merece mencionarse por su singularidad el de Antonietta Gonsalvus (1594-95), que se encuentra en el Musée du Château de Blois. Se trata de una niña cubierta de pelo por padecer una enfermedad heredada de su padre, Petrus Gonsalvus, de origen canario, quien fue llevado a la corte del rey de Francia donde fue educado y casado con una dama francesa de la que tuvo varios hijos que heredaron su enfermedad.

 
L.Fontana. Antonieta Gonsalvus (Tognina)1559 Blois, Musée du Château

Anónimo, miniaturas de Petrus Gonsalvus y Catherina  (h.1580), colección Ambras
Los padres de Antonieta

La diferencia fundamental de Lavinia Fontana respecto a sus antecesoras es que ella ejerce el oficio de pintora y vive de él, constituyendo un curioso caso de cambio de roles tradicionales, en el que el marido se ocupa de las tareas del hogar mientras ella gana el sustento.

Esa condición de pintora de oficio va a ser, desde luego, lo que la diferencia de la cremonesa Sofonisba Anguissola, su antecesora, con la que coincide en múltiples aspectos y de la que recibe la mayor influencia. Se encuentran documentadas 135 obras suyas, de las que treinta y dos están firmadas y fechadas.


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