miércoles, 16 de noviembre de 2016

FLAMENCOS EN EL PRADO - LAS NUEVAS SALAS 56 Y 55

El "redescubrimiento" de la pintura flamenca que parece haberse producido a partir de la Exposición de El Bosco en el Museo del Prado, puede haber sido la causa -a falta de otra comunicación al respecto- de que los responsables hayan decidido mejorar su presencia en el Museo, aunque para ello se haya tenido que desmantelar una de sus pocas salas temáticas.

En concreto se han dispersado las obras que se encontraban anteriormente en la Sala 56 (Ver entrada dedicada en este blog) procedentes de la Colección Real, núcleo y fundamento de la actual colección del Museo.

La Sala 56 estaba dedicada a Felipe II, monarca en torno al cual giraban todos los personajes retratados que se encontraban en ella formando un continuo estilístico-histórico que permitía ver de forma coherente el arte, los personajes, la sociedad y las costumbres de una época fundamental de la Historia de España.

Sofonisba Anguissola. Felipe II det. MNP


LA NUEVA SALA 56

La nueva Sala 56 se ha dedicado íntegramente a la Pintura Flamenca.  En ella se exponen veinte obras de las que solamente se han mantenido en su anterior ubicación el grupo del pintor Antonio Moro que estaban relacionadas con Felipe II, en concreto seis retratos: los de sus hermanas, Juana y María, ésta junto a su marido Maximiliano II de Austriasu segunda esposa, María Tudor; su tía Catalina de Portugal y El bufón Perejón. Este grupo se ha completado con otros dos retratos del mismo pintor de dos damas extrañas al mismo: Lady Dormer y La dama sentada con perrito.

El resto de la Sala 56 ha sido "invadido" por obras de otros pintores flamencos de distintas características, tanto retratistas, como de temática religiosa o costumbrista como Beuckelaer y sus abigarradas escenas populares, Jan Sanders van Hemessen, Michel Coxcie y otros como el pintor neerlandés Marinus van Reymerswaele de quien se exponen tres obras de las que se conocen diversas variantes, presentes en otros museos nacionales y extranjeros. 

Es preciso señalar que a pesar de su procedencia flamenca, este grupo de pintores no guarda relación con la retratística de Antonio Moro quien, como sabemos, fija el estilo del que fue durante muchos lustros el prototipo del más genuino retrato español.  

En la imagen pueden verse las obras tal como se encuentran actualmente en la Sala 56, en la que en una de sus paredes  se encuentran las pinturas de Moro mientras el resto se hallan ocupadas por pinturas de género flamencas de la época, que ponen en evidencia la inconsistencia temática y estilística entre ellas.

Fila superior de izquierda a derecha: Antonio Moro: Juana de Austria, Jane Dormer, María Tudor, Maximiliano II de Austria, María de Austria, Dama sentada, Catalina de Portugal y el Bufón Perejón

Fila inferior, de izquierda a derecha: Michiel Coxcie: Santa Cecilia y La muerte de Abel; Joachim Beuckelaer: Cristo en casa de Marta y María y Mercado; Jan Sanders Van Hemessen: La Virgen y el Niño y La extracción de la piedra de la locura o El cirujano, 


Lateral derecho, de arriba abajo: Marinus van Reymerswaele: La Virgen de la Leche, San Jerónimo y El cambista y su mujer.

Lateral izquierdo, de abajo arriba: Jan van Scorel (atrib.) Retrato de humanista; Adriaen Thomasz Key Retrato de familia; y Joos van Cleve, Retrato de anciano. 

La mayoría de las obras que tiene el Museo del Prado del flamenco Antonio Moro fueron realizadas para la corte española, se trata fundamentalmente de retratos que no pueden separarse de la escuela del retrato español de la época de quien puede ser con justicia considerado como el principal artífice. El hecho de que hayan sido apartadas del resto de pinturas de corte de la época para incorporarlas a una sala flamenca no hace sino descontextualizarlas y privarlas de su principal significación.

LA NUEVA SALA 55

Parte de las obras retiradas de la anterior Sala 56 han pasado a configurar la nueva Sala 55, una pequeña sala de paso, cuadrada, con puertas en sus cuatro lados, donde antes se encontraban algunos de los flamencos, que ahora han mejorado su posición en el Museo, mientras que en los retratos de la Casa de Felipe II se produce una evidente pérdida de estatus frente a la situación en que se encontraban antes del cambio.

El nuevo grupo está formado por diez retratos que resultan a todas luces excesivos para el tamaño de la Sala. De ellos, siete proceden de la sala anterior y tres son nuevas incorporaciones. Hay que pensar que estas tres novedades tengan carácter provisional dado que podrían estar sustituyendo a otras tantas obras de la sala original que se encuentran cedidas a otras exposiciones.

Dos de las obras del grupo original, Isabel Clara Eugenia con la enana Magdalena Ruiz de Sanchez Coello e Isabel de Valois de Sofonisba Anguissola se han incorporado a la recién estrenada exposición METAPINTURA.
Isabel Clara Eugenia de Sánchez Coello e Isabel Valois de Sofonisba Anguissola

La tercera ausencia es la del protagonista de la Sala, el famoso Retrato de Felipe II de Sofonisba Anguissola quien se ha convertido por mor de sucesivos préstamos en el eterno ausente. Es de esperar que algún día retorne y vuelva a recuperar el espacio que le corresponde junto al retrato de su última esposa Ana de Austria, de la misma pintora, con el que forma pareja.

Felipe II de Sofonisba Anguissola

Suponemos que para suplir esas ausencias se hayan incluido con carácter temporal en el grupo dos obras de Rodrigo de Villandrando, que exceden el marco histórico y temporal comentado. Se trata de los retratos de Isabel de Borbón y el del Príncipe Felipe (IV) con el enano soplillo, en una edad que más parecería su hijo que su marido, a pesar de que ambas están datadas hacia 1620. también suponemos con carácter temporal la presencia del Retrato de Isabel Valois de tres cuartos que pintó Pantoja de la Cruz copiando uno anterior de Sofonisba Anguissola que es una obra "comodin" que entra y sale continuamente del almacén a la exposición permanente.

Aparte de las incorporaciones comentadas, el grupo principal de la nueva Sala lo constituyen los hijos de Felipe II, el malogrado Carlos y su sucesor Felipe III con su esposa Margarita y los retratos de sus hijas, las infantas, las dos juntas en la maravillosa obra de Sánchez Coello, la Isabel Clara Eugenia  joven del mismo pintor y la Catalina Micaela de Sofonisba Anguissola.

Fila superior: En el centro, El príncipe Carlos de Sánchez Coello. A los lados Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV y El príncipe Felipe y el enano Miguel Soplillo de Rodrigo de Villandrando.

Fila inferior: Isabel Valois, Pantoja de la Cruz según Sofonisba Anguissola; las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela de A. Sánchez Coello y Catalina Micaela de Sofonisba Anguissola.

Lateral izquierdo Felipe III y Margarita de Austria de Pantoja de la Cruz.

Lateral derecho: Ana de Austria de Sofonisba Anguissola y la Infanta Isabel Clara Eugenia de A.Sánchez Coello.


LAS OBRAS SACRIFICADAS

Finalmente mencionar aquellas obras que a resultas de los cambios han tenido que volver al almacén por no tener cabida en la nueva configuración expositiva.

De la Sala 56 se ha enviado al almacén el Nacimiento de la Virgen de Pantoja de la Cruz, obra que se encontraba de un modo algo forzado entre los retratos familiares de Felipe II debido a su temática religiosa, aunque hay que señalar que los personajes representados en ella pertenecen a la familia de Margarita de Austria, esposa de Felipe III.

Sentimos la reclusión de la obra, prácticamente única, de Justus Thiel titulada Alegoría de la educación de Felipe III, por su singularidad y por presentar no sólo un retrato sino un alegato pedagógico que muestra a un príncipe adolescente que tiene que elegir entre la Virtud y el Vicio.

Pantoja de la +, Nacimiento de la Virgen - J. Thiel, Alegoría de la Educación de Felipe III

El grupo de obras que anteriormente constituía la Sala 55 también ha sufrido notables pérdidas, como el pequeño Retrato de Felipe II y la Dama del Joyel de Antonio Moro; el maravilloso Joven Caballero de Jan Mostaert; las misteriosas damas de su probable discípulo, Adriaen van Cronenburch; y sentimos de modo especial la ausencia de la única obra de Frans Floris expuesta en el Museo, el Caballero de 48 años que seguía desparejado después de un breve intento de exponer junto a él a su esposa, siempre relegada al almacén.

Antonio Moro, Felipe II y la Dama del Joyel

Adriaen Mostaert, Joven Caballero - Frans Floris, Caballero de 48 años

Adriaen van Cronenburch, Dama con niña y Dama con flor

A MODO DE CONCLUSIÓN 

Parece una ironía del destino que, cuatrocientos años después, los flamencos hayan conseguido desplazar a la familia de Felipe II del lugar que ocupaba en el Museo, quizás aprovechando la ausencia del rey -pintado por Sofonisba Anguissola- al que el Museo se encarga de tener de gira constante.

Un Museo Nacional es algo más que un lugar donde se exponen pinturas. El Museo Nacional del Prado y su colección son en sí mismos Historia de España y deben cumplir su función de ser un foco de irradiación no sólo del Arte y la Cultura sino de la Historia misma.

            "El núcleo esencial y original de la colección de pinturas y esculturas del Prado es la colección real de la monarquía española que había ido incrementándose desde el siglo XVI hasta comienzos del XIX, cuando se funda el museo. Esta es la primera y principal gloria del Prado. Este es su corazón. A ello hay que añadir la vocación, desde sus inicios, de convertirse en el centro de estudio, colección y exposición de la escuela española de pintura."
                  FERNANDO CHECA, El Mundo 29/12/2016

La Sala 56 reunía muchos de los mejores ejemplos del retrato español del siglo XVI, constituyendo una auténtica lección de Arte e Historia de la época. Ahora se ha desmantelado para poner en valor diversas obras de la Escuela Flamenca sin que seamos capaces de ver en esta nueva disposición de la Sala ni un solo efecto positivo como no sea el hecho de intentar aprovechar la secuela de éxito de público que ha dejado la exposición de El Bosco. 

En todo caso los responsables del Museo deberían saber que el atractivo y la curiosidad que despiertan las pinturas del genial pintor de Hertogenbosch es singular y no aplicable a la mayoría de sus compatriotas.

Agradezco la colaboración de mi hija Concha en el trabajo de composición de imágenes para visualizar las nuevas salas.

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