domingo, 15 de abril de 2012

A PROPÓSITO DE L'AQUILA


De cómo la búsqueda del personaje de un 

cuadro me llevó a conocer la ciudad italiana 

de L'AQUILA


[Del Cuaderno Recuperado] 
Esta entrada forma parte de una serie de artículos que escribí antes de empezar a publicar el blog. He adaptado su estructura para poder publicarlos pero he mantenido sus contenidos que sigo considerando de interés. La fecha original se encuentra al final del artículo.

Siempre se viaja buscando algo: personas, cosas, descanso, aventura, historia… yo suelo buscar huellas, rastros de personas que han pasado por la historia dejando legados para el arte, la ciencia, o en general, para la cultura entendida en su sentido más amplio. A veces es posible encontrar huellas reales, tangibles, otras no, en cuyo caso me conformo con pisar el mismo suelo, respirar el mismo aire o ver el paisaje que formó parte de la vida de la persona que busco.

Aunque nunca he necesitado excusas para ir a Italia, donde cada visita supone un hallazgo, el último viaje que he realizado, cruzando Italia por su parte central, de Roma a Ascoli Piceno, tenía entre otros el objetivo realizar una etapa en la ciudad de L’Aquila en busca de algún rastro de Giovanni Battista Branconio. Hace ya tiempo que encontré el nombre de este personaje entre las personas relacionadas con Rafael Sanzio, pintor y arquitecto renacentista al que estudio desde hace años con un inagotable interés sobre su gran obra y su corta vida.

Es sabido que Rafael, además de contar historias que obedecen generalmente al cumplimiento de encargos, retrata a menudo en sus pinturas a sus amigos y a otras personas que le rodean, algunas veces simplemente porque le sirven de modelo y otras para rendirles homenaje, por su importancia como personajes de la época.

Esta forma de hacer se ilustra de modo especial en el fresco 'Causarum Cognitio' (el conocimiento de las causas) de la Signatura Vaticana, más conocido como “La Escuela de Atenas” en la que, como es sabido, el pintor representa la  filosofía, las matemáticas, la astronomía… el conjunto del saber antiguo, con sus principales representantes: Sócrates, Euclides, Platón, Aristóteles, Heráclito y muchos más, a través de las efigies de algunos de  sus contemporáneos: Leonardo, Miguel Ángel, Bramante o Baltasar de Castiglione, entre otros.


Las figuras centrales del fresco representan a Platón y a Aristóteles, a quienes reconocemos por sus respectivas obras: Platón porta bajo el brazo su Timeo y Aristóteles su Ética.


Al primero lo representa con las facciones de su contemporáneo Leonardo da Vinci, de avanzada edad, a quien Rafael profesa una gran admiración:

Autorretrato
Leonardo
No he encontrado sin embargo hasta ahora ningún dato seguro de identificación del segundo, ningún estudio ni teoría que mencione de modo incuestionable a qué persona corresponde su rostro. 
Este hecho me intrigó desde el principio, ya que consideraba que al igual que ocurre con los principales personajes que aparecen en la obra, éste, con toda seguridad, debía corresponder a alguien de importancia en la vida o en la época de Rafael. Por ello he dedicado horas a escudriñar en otras obras de Rafael imágenes y retratos buscando algún personaje parecido a este “Aristóteles”, ya que como es sabido Rafael utiliza con frecuencia los mismos modelos y repite personajes en sus distintas obras.

Estaba segura de haberlo encontrado en uno de los últimos cuadros que pintó Rafael: “Doble Retrato”, también conocido como “Rafael y su Maestro de Esgrima” en el que se representa a sí mismo con un amigo.



Pero no pudieron terminar aquí las pesquisas sobre la identidad del personaje encontrado ya que nadie sabe a ciencia cierta quién es este amigo con el que Rafael se retrata. El propio Museo del Louvre, donde se encuentra el cuadro, duda de la personalidad de este maestro de esgrima y no se decanta por ninguna identidad, aunque aventura varias posibles. 


Las similitudes del “amigo de Rafael” con la figura de Aristóteles que aparece en el fresco de la Escuela de Atenas eran sorprendentes, no sólo por sus facciones sino por el conjunto de la figura, la postura con el rostro girado hacia su derecha mostrando un pelo voluminoso, una poblada barba y un robusto cuello, el brazo derecho extendido hacia delante y la mano izquierda sujetando un objeto, en un ademán semejante… me parecía tan evidente que no me quedaban muchas dudas de que se tratara de la misma persona.



Continué por tanto con mis indagaciones, aunque ahora incorporando esta segunda posibilidad de coincidencia del amigo retratado con el personaje que representa al Aristóteles de La Escuela.
No me detengo en los detalles de la búsqueda para no enredarme entre los hilos que han ido conduciendo a distintos ovillos, pero los resumiré diciendo que, por eliminación, llegué a dos posibles candidatos a encarnar la representación de Aristóteles:
  • Bastiano da Sangallo de Florencia y 
  • Giovanni Battista Branconio de L’Aquila.
Ambos tienen en común una estrecha amistad con Rafael, pero a pesar de que he encontrado muchas referencias personales acerca de su vida y de sus diferentes relaciones con el pintor de Urbino, no he hallado hasta hoy ninguna imagen de ellos que los identifique de modo seguro para poder establecer con certeza la personalidad del personaje retratado.

SOBRE BASTIANO DA SANGALLO

El primero y más seguro candidato es Bastiano da Sangallo, (1481-1551) de edad semejante a la de Rafael a quien solo llevaba dos años, tiene unas características vitales también similares: Proviene de la Toscana y, al igual que Rafael, pertenece a una familia de artistas, los Giamberti (el sobrenombre Sangallo les fue dado porque se establecieron en Florencia cerca de la Puerta de San Gallo), eran arquitectos, pintores, ingenieros y escultores entre los que Bastiano crece aprendiendo el múltiple oficio del artista del Renacimiento.

Al igual que Rafael (1483-1520), Bastiano asiste al taller del pintor Perugino. Más tarde coinciden también en el Vaticano, mientras Rafael está pintando los Frescos de las Estancias, Bastiano asiste a Miguel Ángel en los de la Capilla Sixtina además de colaborar con sus tíos, Antonio y Giuliano da Sangallo, en las interminables obras de San Pedro.
Pero su verdadera especialidad será el diseño y la escenografía, en donde destaca como maestro del arte de la perspectiva. Vasari atribuye esa especialización a la influencia que recibe de Bramante mientras trabaja en las obras del Vaticano y escribe, maliciosamente, que la decisión de especializarse en escenografía fue debida a la falta de talento para otros tipos de pintura .

La actitud de camaradería y naturalidad del personaje que aparece en el doble retrato junto a Rafael, hace pensar que se trata de un amigo de confianza, de un compañero, la ropa de ambos es de similares características lo que nos lleva adivinar que ambos pertenecen a una misma clase tanto profesional como social, y todo ello junto con la apariencia de tener una edad similar, me lleva a considerar a Bastiano da Sangallo como el candidato con más posibilidades de ser el amigo que aparece retratado junto a Rafael, así como el que representa a Aristóteles en el fresco de la Escuela de Atenas.

Además hay un detalle en especial que refuerza esta consideración y es el hecho de que a Bastiano se le nombra habitualmente con el apodo de “El Aristóteles” (L’Aristotile).  Es altamente probable que el apodo le viniera dado por haber sido el modelo del Aristóteles de la composición rafaelesca aunque soy consciente de que éste no es un fundamento muy académico si podría ser un elemento determinante para su identificación.

No hay que olvidar que en la Roma de la época, cada encargo a un artista de primera línea, constituía un acontecimiento social de primer orden, del que todo el mundo hablaba. Para alimentar la curiosidad y mantener el interés y el efecto sorpresa se intentaba preservar la obra que se estuviera realizando de la vista del público mientras duraba su ejecución, pero, en la medida que se ocultaba, crecía la especulación sobre sus características y provocaba más expectación; hecho que aumentaba considerablemente si coincidían dos artistas realizando una obra al mismo tiempo, pues se transformaba en una competición artística mucho mas celebrada.Todos hablaban de la obra y sus personajes como hoy hablaríamos de un gran estreno cinematográfico.

Es conocida la anécdota de que mientras  Rafael pintaba los Frescos de las Estancias Vaticanas, Miguel Ángel se ocupaba de la Capilla Sixtina a resguardo de toda mirada, pero Rafael consigue echar un vistazo en ausencia del Maestro, gracias a su amistad con su protector Bramante, natural como él de Urbino, que estaba a cargo de las obras de San Pedro. Rafael quedó tan admirado de lo que vio, que quiso rendir un homenaje al Buonaroti en su propia obra, para ello utilizó sus rasgos para representar al personaje de Heráclito en la Escuela de Atenas, añadiéndolo de un modo un tanto forzado, en primera línea, pensativo, solitario y como ausente de lo que le rodea.


SOBRE GIOVANNI BATTISTA BRANCONIO

El segundo de los candidatos “finalistas” a representar a Aristóteles y a ser el maestro de esgrima que acompaña a Rafael en su autorretrato pues la coincidencia entre ambas figuras evidencia a mi parecer una única identidad, es Giovanni Battista Branconio de l’Aquila (1473-1522), un personaje bien documentado por su posición en la corte papal. De él, además de que provenía de ciudad de l’Aquila, hecho que, de acuerdo con la costumbre de la época aparece asociado a su nombre, sabemos que tuvo estrecha relación con Rafael a quien encargó la construcción de su propio palacio en Roma, muy cerca del Vaticano, al que Vasari elogió diciendo que era “....cosa bellísima”, lo que solo podemos intuir por los dibujos que nos han llegado tanto del propio Rafael como de otros autores, pues el palacio fue destruido en 1661 para hacer la columnata de San Pedro.

También está documentado el encargo que Branconio hizo al pintor de un cuadro representando la escena de La Visitación de la virgen a Santa Isabel para la iglesia de San Silvestre de L’Aquila.  En el lugar que en su día ocupó, hoy se encuentra una copia del mismo pues la pintura original se encuentra en la Sala 49 del Museo del Prado, ya que fue comprada en 1655 para Felipe IV, quien la hizo colocar en El Escorial desde donde posteriormente pasó al Museo.

Como curiosidad, señalar que al fondo de la escena del encuentro entre María e Isabel aparece un Bautismo de Cristo, hecho que podría deberse a una sugerencia del propio Giovanni Battista, a quien le agradaría que figurara en el cuadro el santo de su nombre: San Juan Bautista; por  otra  parte, la madre de Branconio se llamaba Elisabetta, lo que también explicaría el motivo del encargo.

Visitación. Rafael y taller

Algún historiador local ha querido ver en este cuadro una historia muy distinta, (quizás influido por un reciente best-seller), identificando a la Virgen como la mujer mayor, a la izquierda, en la edad que correspondería en el bautismo de su hijo que se estaría llevando a cabo en ese momento. La virgen se estaría despidiendo de María Magdalena, en estado de “buena esperanza” que va a realizar un viaje por mar.  Aunque pueda parecer una rocambolesca historia, hay que reconocer que la imagen del cuadro no parece corresponder con la de la escritura, ya que si atendemos a los textos, en el momento en que ocurre la escena de la Visitación, sería Santa Isabel la que tuviera un embarazo más avanzado (seis meses) y no la virgen como parece figurar en este cuadro.


La amistad de Gian Battista Branconio con Rafael duró hasta el final de su vida, prueba de ello es que fue designado por el pintor su albacea testamentario, como puede leerse en un epígrafe de su tumba en el Panteón en Roma. Varios autores se inclinan por la identificación de Branconio de L’Aquila  como el amigo retratado por Rafael en el  cuadro “Doble Retrato”, pero hay detalles que permiten dudar de esa atribución ya que Branconio es diez años mayor que Rafael y ocupa un importante puesto en la Corte Papal, tanto en el Pontificado de Julio II como en el de su seguidor León X, del que fue Ayuda de Cámara (cargo secreto que tenía la duración de la vida del pontífice); también fue, entre otros cargos, protonotario apostólico, embajador en Francia y guardián de los Tesoros Pontificios; todo ello le aseguraba una elevada posición social y un patrimonio económico que le permite realizar encargos a Rafael, pero esta misma posición no se compagina con la actitud de camaradería que muestra Rafael en el cuadro, él mismo se sitúa a una altura más elevada que su compañero y en una actitud de confianza, con la mano sobre su hombro, más propia de un amigo o compañero que la de un pintor respecto a su patrón. Todo ello me hace descartar que éste personaje pueda ser el "Aristóteles" pintado por Rafael en la Escuela de Atenas.

En todo caso, Giovanni Battista Branconio es un personaje de singular importancia en la vida social romana y en la del Pintor Urbinense a quien solo sobrevivió dos años. Su ciudad natal, L’Aquila, se siente orgullosa de que su paisano tenga un especial protagonismo en la historia, por lo que no es raro que haya autores que hayan tratado de identificarlo con las imágenes pintadas por Rafael aunque no haya sido posible probarlo de modo fehaciente.


SOBRE LA CIUDAD DE L'AQUILA


Volviendo al viaje que comentaba al inicio del relato, la proyectada etapa en la ciudad de L’Aquila tenía por objeto seguir las huellas de este personaje, conocer algo más de él en la ciudad en que se desenvolvió una buena parte de su vida, con la esperanza de encontrar algo, un busto, una pintura, que me permitiera reconocerlo, ponerle un rostro para poder identificarlo.

Aunque no encontré nada que me permitiera establecer esa deseada relación, lo que si encontré fue una ciudad preciosa en la que no me resultó difícil hallar elementos relacionados con él y con su familia, tanto en la toponimia del lugar como en algunos monumentos históricos de la ciudad: la Porta Branconia, una de las cinco puertas de la muralla que rodea la ciudad, la Iglesia de San Silvestre de L’Aquila en la que se encuentra la capilla de su familia con la copia del cuadro de la Visitación comentado, a la que se llega bajando la Via delle Streghe (Calle de las Brujas) en la que se encuentra el Palacio de la familia Branconio, recién restaurado, y otros muchos vestigios dispersos en Iglesias y Museos locales.

Vista de la ciudad de L'Aquila

Lamentablemente el día 6 de Abril un terremoto ha asolado la ciudad y además de las innumerables víctimas ha causado daños, en muchos casos irreparables, en edificios que ya habían sobrevivido a la sacudida sísmica que en 1703 arrasó la ciudad.  Las imágenes que hemos podido ver resultan desoladoras, la destrucción de gran parte de la nave principal de la preciosa Basílica de Collemagio, la caída de la cúpula de la Iglesia del Suffragio en la plaza principal - “La Piazza”, los daños del Fuerte Español construido en 1532 por Don Pedro de Toledo "ad reprimendam audaciam Aquilanorum", para castigar el comportamiento rebelde de los aquilanos, y muchos otros edificios históricos, que posiblemente tardarán años en recuperar su aspecto de antes de la sacudida, y algunos que probablemente ya no podrán volver a ser lo que eran.

Una mención especial, para terminar este relato, a una de las obras que más me llamó la atención por su singularidad: “La Fontana delle 99 cannelle” o fuente de los 99 caños, que de acuerdo con la leyenda representan a las 99 familias fundadoras de la ciudad. Sirva esta mención de recuerdo a las innumerables familias que han padecido las consecuencias del desastre sísmico.

Fontana delle 99 cannelle

Una cita orgullosa del periodista local, Giovanni Lattanzi, pone el broche final a esta historia que ha sido escrita en recuerdo y solidaridad con la ciudad de L’Aquila y sus gentes:

“L'Aquila e gli aquilani tutti stanno attraversando uno dei momenti più duri del millennio, ma siamo convinti che entrambi riusciranno a superarlo degnamente, dignitosamente e orgogliosamente”.
(“L'Aquila y todos los aquilanos están viviendo uno de los momentos más duros del milenio, pero estamos convencidos de que entre todos llegarán a superarlo honrosamente, con dignidad y orgullo").

Escribí esta historia en Madrid el 25 de abril de 2009

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